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Pisadas en Tierra Ajena

El viaje continúa , esta es la hora en que la nostalgia se presenta mientras habito en un pueblo del sur de Italia. En medio del frio, contemplando las montañas recuerdo las caricias de un sol tropical que marco su ausencia.

Esta es la hora en la que estoy acá, pensando en ustedes.

La otredad se levanta como un acertijo que no logro resolver. Al bajar de las montañas y del pueblo de Santomenna, me aproximo a una ciudad repleta de hombres y mujeres que transitan sus calles, viven sus vidas, se pasean frente a mí sin percibir que muero de soledad.

Añoranza que comparto con una pálida mujer que escucha el eco de mi alma, mientras su propia soledad genera matices en el verde de sus ojos.

En ese estar acá, resuena Benedetti, “…después de la alegría viene la soledad,
después de la plenitud viene la soledad, después del amor viene la soledad…”

Soledad que se transforma en manto invisible y nos cubre a todos y todas, mientras nos tropezamos por via Roma.

Precipitarse en lo agitado de la ciudad, amerita darse un tiempo de precaución, y de encontrarse en la espera.

Los viajes tienen la particularidad de mostrar otras formas de cultura, de concebir el vivir, de relacionarse; pero cuando ese viaje no tiene fecha de retorno, de volver a casa, cuando no tiene fecha de terminación, lo particular se torna un universo de incertidumbre; y es como si la brújula perdiera su sentido de dirección y no encontrará el norte, o en este caso el sur.

Los pasos posados en esta tierra, obligan a la razón y al corazón a resignificar sensaciones, pensamientos, opiniones y formas de actuar. La consigna es estar ligero de equipaje, y con la procedencia teñida en el afecto, para así impregnar de identidad las nuevas relaciones y sostener las antiguas.

El revestir como relacionarse, con formas de una herencia cultural que se sustenta en la defensa, en la solidaridad, en el “cimarronaje”, en los “cantos de faena del llano”, en el “no enseñe sin amistad”, hace que cada gesto, cada movimiento del cuerpo se origine como único.

Lo único y lo diverso se amalgaman en una estadia que juega con el tiempo, genera contradicciones y conflictos, en un pecho que padece de arritmia emocional.

La pluralidad se reconstruye en el aislamiento que nos cobija, y que de alguna forma fue desconstruida en Venezuela por la mirada polarizada de la política.

Ocultar lo particular de cada ser humano es una repetida realidad en cada terreno que vemos a la distancia; es un asesinato a Eros y sus juegos creativos.

Muerte que se traduce en victoria para algunas manos, esas que mantienen la lisura del plano donde nos posamos.

El camino llega a una encrucijada; por donde continuar la caminata es una desición de cada ser humano, nosotros tomaremos la nuestra, mientras la insurrección se gesta en silencio, florece en la imaginación, se conjuga con nuevos sentires, nuevos conceptos, nuevos actos.

Viajar es trasladerse, moverse, tiene partida y seguramente alguna llegada, pero lo importante es el andar, el proceso. Transitar y sobre todo hacerlo en compañía. Inmovilizarse es contribuir a la muerte de Eros.

Moverse iniciando el primer paso con la introspección de uno mismo, asumiendo las virtudes y las miserias, invita a la otredad a tomarse de la mano para marchar juntos. Conjugar lo anónimo de una política polarizada para resaltar el héroe de lo diverso, de lo particular que no necesita la reafirmación constante de una identidad decretada.

Seamos héroes de nuestra caminata, de nuestro tránsito y cultivemos el respeto a lo diverso.

Santomenna, provincia de Salerno. Pueblo que me recibió.

Santommena, provincia de Salerno, pueblo que me recibe.

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