Saltar al contenido.

El Duelo con Cuchillos, y su Transitar en el Cuerpo

Roberto Santaella.

Al iniciar este camino para comprender el juego de cuchillo venezolano, hemos realizado diversas prácticas, intercambios, registros y documentación sobre lo que implica empuñar un cuchillo y encontrarse frente a su punta a cuerpo desnudo. Difícil situación que confronta a la carne pero ante todo a la mente y las emociones. El miedo al corte, al sangrar nos recuerda lo transitorio de la vida, lo frágil del existir, pero al mismo tiempo nos revela lo versátil de nuestro cuerpo, sus capacidades de adaptación y de comprender y ordenar en milésimas de segundo ese terremoto de emociones y sensaciones que tensan nuestras vísceras y sustentan el universo simbólico que guarda nuestra corporalidad, para accionar salidas, quites, paradas, esgrimir y cortar.

Es importante destacar que el duelo conlleva una carga de violencia, de sorpresa, de angustia que poco se encuentra en los espacios de confrontación física controlada, espacios donde se regula la violencia y se enmarcan en lo deportivo.

La parada o volteo es suscrita por un conflicto, por uno irreconciliable, que desborda lo emotivo en lo físico. Entendiendo esto, es menester ser responsables en el cómo se maneja uno mismo en una  situación donde  el arma es develada y empuñada con el propósito de poner fin al respirar, acabar con la vida misma. El duelo con cuchillos es un problema donde el componente físico se moviliza desde la emocionalidad, el duelo inicia en la mirada del otro, en la respiración, en la tensión que genera el no perder de vista a quien se planta “Sembrando Bolas” de cara al otro, con la muerte en la mano.

Lo primero a considerar y definir es que la Parada o Volteo es un componente del sistema de armas que en Venezuela se desarrolló a los largo de una historia de batallas, guerras independentistas, cárceles, guerrillas y la necesidad de proteger los contenidos que el cuerpo alberga, el cuerpo es considerado desde la pobreza o desnudez como la única ventaja estratégica y táctica para el combate, esto deviene en diversas corporalidades, “Cada quien juega con el cuerpo que tiene” este sistema abarca el garrote o palo, el uso del cuchillo, del machete, la lanza y el cuerpo desnudo o limpio. En cuanto a técnicas y ángulos de ataque o de quites, la relación del arma con su objetivo es determinado por el cuadro, fundamento de todo el sistema. Al integrar los diversos esquemas (cuadros) de desplazamientos se origina una comprensión del espacio y cómo ubicar a través de los desplazamientos en terrenos seguros nuestra corporalidad frente al oponente, posibilitando evadir los ataques, como también estar bien plantado para poder realizar ataques efectivos hacia el oponente.

Hay principios y conceptos que se conjugan para originar lo que consideramos el sistema de armas Venezolano, la conjugación de las posibilidades del arma depende de las capacidades de comprensión de los terrenos de la pelea y de la corporalidad del Defenso.

Lo fundamental del sistema de armas venezolano, y que es un común en los sistemas de lucha latinoamericanos es “El Instinto y el Jugar”.

Ese instinto no es el impulso descontrolado, todo lo contrario, es el impulso comprendido, asentado en la corporalidad a través del proceso del Jugar el sistema de armas.

El instinto se desarrolla mediante un apropiado trabajo de reconocer los terrenos de la pelea, la capacidad de movernos con fluidez y soltura de una distancia a otra, pero sobre todo en comprender el sentir al otro u otra de cara a nosotros; es por ello que la mirada, es el conductor de toda la situación.

La conección bioenergética a través de la mirada nos muestra emotividad, paradigmas emocionales que se presentan en el cuerpo y que se manifiestan en la gestual de los duelistas, en los movimientos, develando intenciones, malicia, propósito, etc.

La gestualidad, se soporta en códigos socioculturales que se aprenden en el desenvolverse cotidianamente en determinados espacios y situaciones, en el intercambio cultural. Este proceso de comunicación no verbal se sustenta en el  envío y recepción de mensajes sin palabras. Los mensajes pueden ser comunicados a través de gestos,  lenguaje corporal, postura, expresión facial y el contacto visual. Por medio de la mirada hay un monitoreo continuo de lo que hacemos, y de lo que nos rodea.

Entendiendo los elementos y conceptos  antes mencionados, se va componiendo una corporalidad, que como dice Merleau Ponty– “es cuerpo vivido, cuerpo animado, cuerpo en relación con el mundo”; es “Cuerpo Defenso” que se planta a “Sembrar Bola”, presentando la Diversidad de su presencia a través de su mirada, de sus Instintos educados.

Este cuerpo y su corporalidad, transita de manera continua un proceso de escudriñar en sí mismo, de “Meter el dedo en sus llagas”, para así saber qué infiernos y paraísos guarda en el laberinto de su interior para poder presentarse, de cara al filo del cuchillo sin más miedos que los que reconoce de sí mismo.

A %d blogueros les gusta esto: