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10 enero, 2018

Il gioco di coltello venezuelano, “Parada o Volteo”

por Roberto Santaella

In America Latina i sistemi di lotta sono di origine popolare, sono definiti da una storia comune di una regione che è stata colonizzata.

Il seguente scritto e parte della ricerca e della pratica dei membri della Fondazione Jebe Negro, organizzazione a cui appartengo e che organizza la proiezione del nostro lavoro in Europa.

Presentiamo il documento in spagnolo, la lingua originale.

Presto ci sarà in italiano e inglese.

“La serietà di un coltello che avanza è una verità di natura urgente e richiede un atteggiamento limite in tali circostanze. Sappiamo che al momento la lotta contro i coltelli per strada è più che valida e che non dobbiamo essere influenzati da falsi anacronismi, perché oggi la società non è meno violenta di ieri”.

EL JUEGO DE CUCHILLO DE JEBE NEGRO

Daniel Perales/Jugador del Patio de Jebe Negro

La tradición latinoamericana sitúa al cuchillo en la panoplia de armas criollas junto con la lanza, el machete de combate, el palo y el lazo. Tanto de uso cotidiano como herramienta hasta arma de guerra, venganzas, pendencias y pillaje.

El uso del cuchillo siempre fue materia de estudio para nosotros, estudio que quiere decir práctica y reflexión.

De esta manera nos encontramos con la esgrima argentina en donde desde niños los criollos se tiznaban los dedos con el hollín del caldero para tirarse viajes a ver quién marcaba un rumbo (marcar al otro simulando un corte), así, a manera de juego y de forma instintiva van explorando: vista, intenciones, técnicas y distancias en ese ejercicio maravillosos llamado “visteo”.

En Colombia el cuchillo es “punta pa´ bajo” y en Venezuela “punta pa´ rriba” siendo en Venezuela el uso de la punta un rasgo idiosincrático “la punta es la que mata” decían los viejos.

Es así como desde nuestra independencia se viene formando un cuerpo de conocimientos en donde la lanza aunque era de tres metros, se usaba sólo la punta y en muchos casos media punta, “mojar”. Así mismo con el machete, que se transformó de herramienta agrícola en arma de guerra, suprimiendo la curva y ganando bastante en longitud y sobre todo en punta. De esta manera se conforma una esgrima más de punta que de tajo, que se aglutinan en la figura del cuchillo.

Este cuerpo de conocimientos tiene estrecha relación con el juego de garrote venezolano y en tiempos posteriores a la guerra con el uso del chuzo carcelario y su método llamado “parada” o “volteo”.

El volteo también conocido como parada tiene como rasgo fundamental el uso de la punta aún a manera de tajo o corte, que se hace con la primera porción del arma o punta, usualmente las posiciones son perfiladas, prefiriendo la distancia larga o media. Tiene, como ha tenido desde la independencia, puntos específicos a atacar, si bien no es necesario poseer grandes conocimientos anatómicos, así pues, los costados, ya sea a nivel de los riñones donde está blando o “debajo del ala”, en las axilas, buscando pulmones y corazón, fueron blancos predilectos y buscados incluso suprimiendo cualquier corte intrascendente que no conlleve a un final definitivo del combate.

Dado este contexto, en Jebe Negro nos dimos la tarea de investigar donde había quedado el juego de cuchillo del estilo “curarigueño” o “trancaito” y no pudimos hallar si no figuras (técnicas) aisladas puesto que varios juegos se perdieron a principios de siglo XX por no haber sido transmitidos, tales como “el juego en el piso”, del cual tenemos técnicas pero no un juego completo, o “el juego de la lanza”. En el mismo proceso entendimos que no podía de hecho ser un calco o remedo de los garrotes puesto que el tipo de arma modifica totalmente las dimensiones del combate.

También observamos que independientemente del sistema practicado, cuando estamos en situación de combate tendemos a hacer lo mismo que cualquiera aún sin saber nada. Esto es perfilarse un poco, esconderse detrás del cuchillo y rezar porque todo salga bien o aprovechar alguna habilidad propia como la fuerza, la astucia o la velocidad, pero realmente sir resolver el asunto.

A partir de esas técnicas aisladas pudimos comenzar la práctica y toparnos con algunas técnicas del estilo “palo sangriento” que aparentemente si tienen una forma codificada de cuchillo que no hemos visto en su totalidad, pero que nos aportó enormes pistas de cómo podía ser el camino, pero aún faltaban piezas para armar el rompecabezas.

Así por experiencias personales y ajenas dimos con la parada carcelaria venezolana y el cuchillo callejero colombiano, este proceso de investigación y práctica ha sido compuesto por  múltiples entrevistas y abundante material escrito y visual. Esto fue la clave no sólo porque fue un serio y duro contacto con la realidad que nos permitió saber los límites de lo posible con un cuchillo y lo imposible de ejecutar.

La lógica del mercado comercial de las artes marciales nos muestra una grandísima cantidad de técnicas que se venden como definitivas o maravillosas y las cuales no son coherentes con la situación de duelo. “Nuestras líneas se distinguen de los drill por la presencia constante de la incertidumbre, sostenida en la atención (no alienada, no automática)  de cada ejecución; obligada por la peligrosidad invocada y despierta que hace de cada movimiento, aunque sea repetido, único, distinto en su momento de ejecución respecto al siguiente y al anterior. Si perdemos eso, se cae en la comodidad de la repetición automática del dril”, Onan Bonilla, Jugador del Patio de Jebe Negro.

La seriedad de un cuchillo que avanza es una verdad de naturaleza impostergable y exige una actitud límite ante tales circunstancias.

Sabemos que en los actuales momentos está más que vigente la pelea a cuchillos en la calle y que no debemos dejarnos influir por falsos anacronismos, pues la sociedad no es menos violenta hoy que ayer.

De estas ramas y de la necesidad vigente nace el juego de cuchillo de Jebe Negro.

En primer lugar de nuestro gentilicio en el parto de la guerra que azotó a nuestro país, lo que nos da total autoridad para opinar. Y en segundo lugar del juego de garrote como base del sistema de armas criollo, como manifestación cultural consolidada en particular del estilo “curarigueño” y “palo sangriento”.

Y en tercer lugar, la parada o volteo carcelario y callejero tanto venezolano como colombiano. A partir de esos elementos se origina un método que calza totalmente en los fundamentos del juego de palo venezolano,  conformando así un componente del sistema de armas venezolano. No hay nada en sus componentes que provenga de incorporaciones de artes marciales convencionales, así que estamos frente a un método sólidamente arraigado en nuestra identidad, como Venezolanos y Latinoamericanos. No describiremos las técnicas ni las dinámicas que se desglosan de estos fundamentos, pero sí diremos que abordamos el componente físico tanto como el psicológico o emocional por lo cual postulamos: sin el segundo el primero es inútil. Así que las dinámicas o ejercicios están siempre enfocados a la atención, la intención y la presencia, así como también a la soltura, la relajación, el equilibrio y la respiración.

Desde el punto de vista táctico abordamos sobre todo el manejo de las distancias empezando por el lejos o “afuera”  y encontrando en ese juego de intenciones la manera de “entrar” y tocar sin ser tocado. Por eso pensamos más o menos en cada corte como definitivo y no usamos protección para no perder el respeto al dolor, al arma y a la vida.

Es fundamental el manejo de la pisada como base de los desplazamientos en el sistema llamado “cuadro”, desarrollando lo que en otras disciplinas se conoce como “trabajo de pies”. También el cambio de mano como habilidad de luchar por los dos lados, con el consecuente aporte en términos de coordinación, lateralidad e inclusive de ejercicio neuronal al involucrar siempre a ambos lados del cerebro. La meta es alcanzar el estado en que las partes del cuerpo actúan solas e independientes pero danzando con la misma música.

Y finalmente la mirada como fundamento de intención, presencia y percepción. La mirada es toda una materia, su estudio se inicia desde las primeras lecciones. Es en la mirada donde se manifiesta la interioridad de los contendientes y el carácter de los mismos, siendo muchas veces factor decisivo en un combate de vida o muerte.

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